miércoles, 30 de enero de 2008

EXPIACIÓN


Expiación es una novela que contiene una pregunta:

“¿Como puede una novelista alcanzar la expiación cuando, con su poder absoluto de decidir desenlaces, ella es también Dios?

Y esa pregunta, que es la piedra sobre la que gira toda la novela, es una puerta que se abre hacia una reflexión profunda sobre la literatura y sobre el poder de ésta para transformar la vida, para cambiar el pasado y los recuerdos. Tras la muerte seremos tan imaginarios como los personajes de una novela, nadie recordará nuestra vida tal y como nosotros la vivimos, ni las razones que conformaron nuestras decisiones a menos que alguien las escriba, y el escritor entonces es un Dios que crea y que destruye pero que jamás podrá alcanzar la redención para si mismo por que es en si mismo juez y parte.

Expiación es una novela hermosa, profundamente inglesa, comienzas a leer y crees sentir los límpidos ecos de Jane Austen, hasta que presientes algo sórdido y amenazante capaz de destruir el mundo de finales felices que culminan en la puerta de la vicaria. Una sola palabra destruye un mundo perfecto, un solo gesto, una única decisión puede cambiar la vida entera.

También es una novela sobre el tránsito de la infancia a la madurez, el autor consigue con brillante precisión trasladarnos al momento clave del descubrimiento del “yo” el momento en el que la infancia se desploma ante la cataclismo del hallazgo de la propia individualidad. Y de nuevo la literatura, la literatura como un instrumento en las manos de una niña que cree poder diseñar un mundo ordenado y a salvo de las ingerencias y los poderes perturbadores de los deseos de los demás.

Expiación es una historia bella e intensa trasladada escrupulosamente al cine por Joe Wright que consigue transformar en bellas imágenes la impronta que deja la novela, y tal y como consiguió con “Orgullo y prejuicio”, no desmerece la obra literaria, sino que de alguna manera la complementa, completando, sobre todo en lo que se refiere a la estética, los vacíos que a veces quedan en la imaginación tras la experiencia lectora. Estupendos los actores, en especial la bellísima Keira Knightley, y muy destacable la banda sonora que toma el pulso a la historia consiguiendo integrar su sentido de relato literario (esto lo entenderán los que hayan visto la película). Toda una experiencia novela y película absolutamente recomendable.

miércoles, 23 de enero de 2008

Tokyo Blues y la fragilidad humana

Haruki Murakami logra con esta novela convertir los grandes dramas humanos en un devenir silencioso y sereno de las cosas, como si simplemente todo fuera un transcurrir lógico que responde bien al destino, bien a la casualidad, pero sin planteárselo, porque tiene la importancia que tiene, la justa y necesaria, según el caso. Las reflexiones no son grandilocuentes, se extraen de lo que sucede, de los actos, de las palabras, de los silencios, igual que ocurre en la vida. Por mucho que se desee uno no puede explicarse a sí mismo ni sus circunstancias, pero puede que haya alguien que observándonos intuya y actúe, a favor, en contra o sin intención. Igual sucede en Tokyo Blues, no se mete de lleno en la cabeza de los personajes, los muestra en su vida, más o menos anodina, pero fascinante, en realidad como la de cualquiera si se hurga con un poco de humanidad. De la interactuación entre el mundo, el yo, los demás y, sobre todo, la muerte, surge LA VIDA, que se desprende de esta novela que termina por estallarte en las manos. La prosa sin adornos, desnuda y sin pretensiones, logra convertir en poesía la vida en general, la tuya, la del vecino, la mía.
Todos sin culpa, sin resentimiento, llenos de dudas y de ternura, absolutamente humanos.

viernes, 18 de enero de 2008

Pregunta para Robinsón




Mi cuerpo es un mapa que recorres evitando el peligro, los desfiladeros y las simas, atreviéndote solo a navegar por el mar plácido de mis ojos, caminando por los campos de trigo mas benévolos, recogiendo frutos caídos de los árboles, sin valor para encaramarte en busca de la manzana mas dorada. Pero una vez emprendido el viaje, una vez oxidados los goznes de tu puerta ya no puedes disponer de tu regreso, y pese a que eres un cauto navegante terminará por encontrarte la tormenta, se estrellará tu nave frente a las costas de mi candidez y pondrás un pie de pionero en mi playa mas salvaje. ¿Que harás entonces despojado de instrumentos de navegación? ¿Qué harás cuando no sitúes los puntos cardinales, cuando el riesgo se abalance sobre ti como una inmensa ola? ¿Serás capaz de apartar con mano firme la maleza? ¿Te sumergirás en la laguna de mis días, hasta sentir calado el corazón? ¿Beberás hasta saciarte de mis fuentes? ¿Sacaras los frutos maduros de la oscuridad de mi tierra fértil? ¿Qué harás marinero inesperado? ¿Harás de mi un país o te sentarás en la arena, mirando el horizonte esperando ser rescatado por la sensatez?

domingo, 13 de enero de 2008

No olvideis que en el mundo hay gente sometida a tratamiento psiquiatrico.





Nostalgia...es una bonita palabra, si no tuviera la certeza de que a veces es como un velo que se nos pone sobre los ojos y que impide que veamos la vida con nitidez.

Superada la treintena, me resisto a la nostalgia. Atesoro los momentos felices de mi vida sin ceder a la tristeza por el paso del tiempo, el futuro esta lleno de secretos, de regalos por desenvolver, y es que ya conocéis mi natural optimista.

Es domingo por la mañana, brilla el sol y me he levantado sin resaca y al ritmo “Belle and Sebastián”, mi casa huele a café, y en la habitación de al lado un italiano duerme con la suavidad en el gesto de un niño de cinco años, es el mismo italiano que se despierta cada día diciendo que me quiere, supongo que es una mañana perfecta, una mañana que sigue a una noche perfecta.

¿Por qué nostalgia? La vida es un puchero que hay que llenar con los ingredientes adecuados, o simplemente los ingredientes que nos gusten, siguiendo esta receta siempre tendremos en la mesa algo delicioso que comer.

Con los ingredientes adecuados una cena es un banquete de risas y de momentos memorables. Y el fin de semana despega de lo prosaico, grabándose a fuego en el recuerdo, para siempre.

El escenario es perfecto y los anfitriones también, paredes de colores, y alrededor una amalgama de objetos curiosos, obras de arte, un casa que es como un collage de la vida de sus propietarios, pero además, una casa en que cabe cualquier cosa que quieras llevar, aunque lo mejor que puedes llevar es el ingenio y la lengua suelta, por que cualquier ocurrencia que lo merezca tendrá un aplauso.

Una cena perfecta, un momento perfecto, catorce locos alrededor de una mesa, con las lenguas sueltas y la innata capacidad de hacer de cualquier historia un hito literario. Y si hay que convulsionar se convulsiona, si hay que escenificar se escenifica, si hay que cantar se canta. Los complejos, los prejuicios, están bajo el felpudo y puedes llevártelos al salir o no.

Nada esta programado, pero todo parece responder a un orden perfecto de disparate y carcajada, y precipitando hacia el surrealismo, una maleta llena de pelucas, una para cada uno y una foto para el recuerdo con el compromiso de repetir lo irrepetible.