lunes, 29 de septiembre de 2008

MUERE EL INDOMABLE


Buen viaje y muchas gracias...

viernes, 26 de septiembre de 2008

Los aires difíciles






La novela de Almudena Grandes me ha hecho evocar mi Cádiz natal, este verano he estado unos días, pero han sido muchos otros lo que he vivido allí, junto con mi familia, con mis padrinos y otros amigos que ya quedaron atrás. Al brillante recuerdo se impone, muchas veces, la cruda realidad del paso del tiempo, el deslucimiento de una imagen bien guardada y arropada en la memoria, que se hace patente al mirar de frente a la realidad. Cuando bajé del tren en Puerto Real, me costó poco encontrar la calle Sagasta para dirigirme a casa de mis padrinos, el mar resplandeciente al fondo, al mediodía, cegándome. Las casas blanquísimas, los balcones con flores...bello, humilde y mucho más pequeño de como aparece en las fotografías de mi ideario sentimental. Mi madre pintó muchos cuadros en Puerto Real, hay un velero al atardecer que se lo quedó mi hermano y es soberbio, pero hay uno del puerto, con las barquitas de los pescadores, con la marea baja...que retrata perfectamente la esencia de aquel lugar, que aún sigue intacto, como en el cuadro, como si el ciclón tecnológico y frívolo de los últimos años no lo hubiera alcanzado. Es curioso el referente que utiliza la autora a lo largo de la novela, el aire, de levante y de poniente, cómo influye éste en el ánimo y en los sucesos, de cómo se convierte en un tema de conversación eterno (y eso sí es verdad, que se habla del aire), pero no porque no se tenga nada que decir, sino porque es importante, porque somo tan frágiles, que hasta el más mínimo cambio nos altera. Cádiz es una maravilla y lo que me ata a ella es más que mi nacimiento, son las vivencias y los preciosos regalos que suponen esas imágenes de la niñez que siempre van con nosotros. Para mí no hay ninguna playa como las de la "tacita de plata", ni puestas de sol, ni olas, ni temperatura, ni ritmo de vida...mejor que los de Cádiz.

domingo, 21 de septiembre de 2008

martes, 16 de septiembre de 2008

Adiós, adiós amigo, adiós

CHAU PESIMISMO

"Ya sos mayor de edad
tengo que despedirte
pesimismo

años que te preparo el  desayuno
que vigilo tu tos de mal agüero
y te tomo la fiebre
que trato de narrarte pormenores
del pasado mediato
convencerte de que en el fondo somos
gallardos y leales
y también que al mal tiempo buena cara

pero como si nada
seguís malhumorado arisco e insociable
y te repantigás en la avería
como si fuese una butaca pullman

se te ve la fruición por el malogro
tu viejo idilio con la mala sombra
tu manía de orar junto a las ruinas
tu goce ante el desastre inesperado

claro que voy a despedirte
no sé porque no lo hice antes
será porque tenés tu propio método
de hacerte necesario
y a uno le deja triste tu tristeza
amargo tu amargura
alarmista tu alarma

ya sé que vas a decirme que no hay motivos
para la euforia y sus celebraciones
y claro cuándo no tenés razón

pero es tan boba tu razón tan obvia
tan remendada y remedada
tan igualita al pálpito
que enseguida se vuelve sinrazón

ya sos mayor de edad
chau pesimismo

y por favor andate despacito
sin despertar al monstruo"

Mario Benedetti, Preguntas al azar

miércoles, 10 de septiembre de 2008

PERFUME


Los efluvios del otoño llaman ya a nuestras puertas, la mía está algo mohosa de antaños, de adioses y de bienvenidas y chirría un poco. La lluvia y lo que despierta, los perfumes, a veces cómodos y familiares, otras pestilentes y nauseabundos, me hacen transportarme al ritmo de la caída de las hojas, con cuidado de no terminar donde ellas. 
Septiembre es mi mes preferido, porque tiene algo de ida y vuelta, de recibimiento y de despedida, porque la gente lo maldice y a mí me da un poco de pena que tenga tan mala prensa, porque es el 7 del año romano, el tiempo de las cosechas, de la renovación y de las promesas, porque las personas se reencuentran, porque las ciudades cobran vida y los niños vuelven a escucharse por las calles...
El principio del otoño, al igual que el de la primavera, está lleno de interrogantes y de agitación, biológicamente nos altera el cambio y podemos sufrir o vivir la estación que marca el calendario.
Yo celebro que llegue, que ocurran cosas, que las calles se inunden de bullicio y de ocres, que llueva,  haga viento y luego, sin previo aviso, salga el sol.  

martes, 9 de septiembre de 2008

"Mr Jones a secas" o la vida que irrumpe sin avisar por Joseph Conrad


El protagonista de “Victoria” de Joseph Conrad (una de mis lecturas veraniegas) es un personaje que “había organizado para si ese poco de muerte que es posible tener sin dejar de vivir” esta genialidad de frase no es mía procede de otra de mis lecturas estivales “El gatopardo”, pero de la Sicilia decimonónica hablaremos otro día.

“Victoria” es una de esas novelas en las que consigues habitar durante el tiempo que dura su lectura. No es lectura “a secas” digamos que es casi una experiencia vital, por que por encima de todo el exotismo del escenario en que se desarrolla, por encima del romántico universo que Conrad describe para mostrarnos la vida colonial del archipiélago Malayo, trasciende una lección profunda sobre la vida, una enseñanza valiosa sobre lo arbitrario de la existencia, la debilidad ante lo imprevisible y el valor ante la fatalidad.

El Barón Axel Heyst ha hecho de si mismo una isla, y en una isla se recluye. En Samburan, sólo, bajo la amenaza latente de un volcán quejumbroso Heyst pretende escapar de todo aquello que le exija el esfuerzo de vivir. Sin embargo encontrar a una mujer y amarla es la primera grieta por la que la vida irrumpe en su calmada y serena existencia. La isla que parece ser un refugio, casi un paraíso para los dos, se convierte en una trampa cuando irrumpe el riesgo, el peligro, lo imprevisible.

Tres hombres, que en si mismos pueden representar todos los miedos, el horror, la violencia, la sinrazón, y dos seres indefensos que se ven obligados a pelear no ya por sus propias vidas sino por la vida del otro, la vida del amado.

Maravillosos personajes, entre ellos el siniestro "Mr. Jones a secas” uno de los malvados mas escalofriantes que recuerdo. Diálogos llenos de tensión, ambientes recreados a la perfección, y una deslumbrante capacidad de llevar al lector a todos los estados de ánimo de los personajes, a la comprensión absoluta de sus acciones. La habilidad de conseguir que el lector sienta el escalofrío en la espalda, el sudor frío del miedo, la inevitable ansiedad en la lucha por la supervivencia.

Toda una aventura, un libro que definitivamente encumbra a Conrad como uno de mis autores favoritos.